"La tortura de escribir, al fin y al cabo, es un castigo maravilloso elegido voluntariamente. Un castigo de libertad."
Alfonso Ussía

domingo, 8 de diciembre de 2013

No temas, que no estás solo.

Y qué más da si hace frío. Si hay que esperar diez minutos para una ducha de agua helada. Si hay que levantarse a las ocho. Aquí todo crece, todo se magnifica. Me pides que te lo describa y me es imposible. Como bien dijo un sabio amigo, esto se vive. Y es que es una experiencia totalmente distinta a cualquiera, ¿cómo cien personas de diferentes lugares que solo conviven en contados días del año pueden ser una familia? Ahora, sentado en el autobús de vuelta, con la mente llena de reflexiones, en el bolsillo un bote de lacasitos y en el corazón un montón de sentimientos enormes solo tengo palabras para agradecerles a todos por todo. Que sin ellos no llegaría a ser quien soy. Por todas las horas que meten los monitores y demás preparando todo. Por todas las sonrisas que me sacáis. Por cada charla que te hace pensar. Por todos los que me habéis ayudado...
Pero, no sé. Es que no os puedo definir como me siento al salir al escenario a hacer el tonto delante de todos. O cuando hablamos en los grupos. O cuando, todos en pie, cantamos al unísono. O cuando me abrazan en la despedida. ¿Sabes? La magia existe. Y la he destapado. Está en todas y cada una de las personas que forma toda esta familia. En cada palabra, en cada gesto, en cada anécdota, en cada momento libre que pasamos juntos.
Y bueno, ¿cómo voy yo mañana a clase? Después de este puente me va a costar mucho retomar la vida cotidiana. Pero solo sé una cosa. He cambiado. Quizás no mucho, pero he cambiado. A mejor. Y todo ha sido gracias a todos los que forman esta gran casa que se llama Somalo.

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